El balón llega a sus pies, faltaban escasos minutos para que aquel
encuentro que favorecía al equipo albo culmine. Tenía en mente la consigna como
defensa central de aguantar el resultado y, por ende, la pelota. Es entonces
que va a pelear un balón dividido el cual gana, pero al continuar la jugada y
voltear a dar la espalda al jugador vestido de crema, aquel día en Huánuco,
siente que cae un peso sobre la pierna que en ese momento mantenía de apoyo
para continuar con su idea de juego; voltea a ver el hecho ocurrido mientras su
cuerpo se desploma y se percata que el jugador rival estaba sentado en el
campo. Ya tendido en el suelo antes de ver lo ocurrido en su pierna
izquierda decide ver el rostro de los compañeros, lo que vio fue aterrador,
veía caras de susto en algunos compañeros y hasta en los del equipo que
enfrentaba esa tarde, otros atinaban a poner gestos de sufrimiento. A su vez,
el jugador comprometido en la jugada no atinaba a tener otra reacción que solo
ver la pierna afectada. Luego, pudo observar al árbitro vestido de negro
levantar los brazos para indicar el ingreso de los paramédicos a la cancha lo
antes posible. Entonces, dejó de suponer y tuvo la valentía de observar su
pierna. La primera reacción que tuvo fue de rechazo, rechazo a lo que había
pasado, no lo quería creer. ¡Su pierna!, su pierna estaba torcida de forma tal
que, solo pensó en dos cosas.
La primera fue ¿qué iba a ser de su futuro deportivo? De esa carrera que recién empezaba a forjar hace un par de años atrás en el fútbol profesional. Tal vez, lo que inundo su mente, no de dudas si no de seguridad, era que debía dejar el deporte que llegó a su vida de un momento a otro y que lo fue envolviendo poco a poco. Lo único que sabía era que su pierna estaba partida. De aquello no había duda, por la forma en que lo veía y el dolor que poco a poco se hacía notar en su rostro conforme iba pasando la adrenalina que le servía de anestesia por unos segundos.
Lo segundo que llegaría a su mente fue la imagen de sus padres. Dentro de su mente los ubicaba en un sillón largo, juntos, viendo aquel 28 de julio el partido en vez de un mensaje a la nación del presidente en aquella época. Se imaginó la expresión de su madre, ese sufrimiento que sienten aquellas mujeres dotadas, no solo por ver la imagen desgarradora en televisión, si no por el sentimiento que llevan en el corazón cuando sospechan o se enteran que algo les pasa a sus queridos hijos. Vio caer una lágrima por la mejilla de su madre mientras esta abrazaba al hombre que estaba al lado, ese que en un principio no aprobaba la carrera futbolística de su hijo, pero que con el tiempo y logros llegaron a convencer que no era descabellada la idea en que primogénito se dedicase al deporte de la pelotita.
Un abrazo de ambos con un rostro de sufrimiento era lo que terminaba de salir en la imagen mental del jugador tendido en el campo mientras que los médicos llegaban hacia él para atenderlo y evitar que la lesión sea más grave. Una vez los médicos dentro del campo, lo primero que hicieron fue hacerle preguntas típicas, que tal vez no venían al caso pues el jugador no se había golpeado la cabeza ni parecía haber perdido la noción como para que le digan ¿cuántos dedos ves? o ¿cómo te llamas? La razón por la cual hicieron esto fue simple, la idea era distraerlo mientras que un robusto hombre vestido de blanco regresaba a su lugar la pierna del jugador. Inmediatamente después, ingresaron corriendo dos jóvenes con una camilla en la cual trasladaron al lesionado a la ambulancia del estadio. Una vez ya en camilla lo primero que hizo el defensor fue llamar a sus padres desde el celular de un médico. Lo primero que le dijo su padre al contestar fue que todo estaba bien, que se iba a recuperar pronto y que no se preocupe por él ni por su madre, que lo apoyarían en todo y que lo esperarían con los brazos abiertos cuando llegase a Lima. Una vez oído esto el jugador, pudo tener cierto margen de tranquilidad, aunque las dudas comenzaban a salir a flote, a causa de eso surgió una pregunta al médico - ¿Cómo está mi pierna? No me mienta. Por favor, dígame la verdad. - Este cuestionamiento tuvo una respuesta rápida. El doctor le indicó que tal vez sea una lesión muy grave, que veía que se había dañado varios tejidos de la pierna y que demoraría en recuperarse.
Afortunadamente para el jugador, ya en Lima, las placas y rayos x arrojaron que solo tendría una lesión leve a lo que se pensaba. Pero igual era necesario una intervención quirúrgica para lograr corregir aquel problema. Fue entonces así la solución a su lesión. Pasaba el tiempo y el joven defensor tenía las ganas y esperanzas de regresar lo antes posible a las canchas. Sus padres le apoyaban todo lo posible al percatarse que era su motivación. El proceso no fue fácil ni corto, pero sirvió para tener en óptimas condiciones aquella pierna izquierda que hoy en día a consecuencia de la lesión perdió un poco de sensibilidad y que se mantiene de pie con una placa de aluminio y seis tornillos dentro de ella.
La primera fue ¿qué iba a ser de su futuro deportivo? De esa carrera que recién empezaba a forjar hace un par de años atrás en el fútbol profesional. Tal vez, lo que inundo su mente, no de dudas si no de seguridad, era que debía dejar el deporte que llegó a su vida de un momento a otro y que lo fue envolviendo poco a poco. Lo único que sabía era que su pierna estaba partida. De aquello no había duda, por la forma en que lo veía y el dolor que poco a poco se hacía notar en su rostro conforme iba pasando la adrenalina que le servía de anestesia por unos segundos.
Lo segundo que llegaría a su mente fue la imagen de sus padres. Dentro de su mente los ubicaba en un sillón largo, juntos, viendo aquel 28 de julio el partido en vez de un mensaje a la nación del presidente en aquella época. Se imaginó la expresión de su madre, ese sufrimiento que sienten aquellas mujeres dotadas, no solo por ver la imagen desgarradora en televisión, si no por el sentimiento que llevan en el corazón cuando sospechan o se enteran que algo les pasa a sus queridos hijos. Vio caer una lágrima por la mejilla de su madre mientras esta abrazaba al hombre que estaba al lado, ese que en un principio no aprobaba la carrera futbolística de su hijo, pero que con el tiempo y logros llegaron a convencer que no era descabellada la idea en que primogénito se dedicase al deporte de la pelotita.
Un abrazo de ambos con un rostro de sufrimiento era lo que terminaba de salir en la imagen mental del jugador tendido en el campo mientras que los médicos llegaban hacia él para atenderlo y evitar que la lesión sea más grave. Una vez los médicos dentro del campo, lo primero que hicieron fue hacerle preguntas típicas, que tal vez no venían al caso pues el jugador no se había golpeado la cabeza ni parecía haber perdido la noción como para que le digan ¿cuántos dedos ves? o ¿cómo te llamas? La razón por la cual hicieron esto fue simple, la idea era distraerlo mientras que un robusto hombre vestido de blanco regresaba a su lugar la pierna del jugador. Inmediatamente después, ingresaron corriendo dos jóvenes con una camilla en la cual trasladaron al lesionado a la ambulancia del estadio. Una vez ya en camilla lo primero que hizo el defensor fue llamar a sus padres desde el celular de un médico. Lo primero que le dijo su padre al contestar fue que todo estaba bien, que se iba a recuperar pronto y que no se preocupe por él ni por su madre, que lo apoyarían en todo y que lo esperarían con los brazos abiertos cuando llegase a Lima. Una vez oído esto el jugador, pudo tener cierto margen de tranquilidad, aunque las dudas comenzaban a salir a flote, a causa de eso surgió una pregunta al médico - ¿Cómo está mi pierna? No me mienta. Por favor, dígame la verdad. - Este cuestionamiento tuvo una respuesta rápida. El doctor le indicó que tal vez sea una lesión muy grave, que veía que se había dañado varios tejidos de la pierna y que demoraría en recuperarse.
Afortunadamente para el jugador, ya en Lima, las placas y rayos x arrojaron que solo tendría una lesión leve a lo que se pensaba. Pero igual era necesario una intervención quirúrgica para lograr corregir aquel problema. Fue entonces así la solución a su lesión. Pasaba el tiempo y el joven defensor tenía las ganas y esperanzas de regresar lo antes posible a las canchas. Sus padres le apoyaban todo lo posible al percatarse que era su motivación. El proceso no fue fácil ni corto, pero sirvió para tener en óptimas condiciones aquella pierna izquierda que hoy en día a consecuencia de la lesión perdió un poco de sensibilidad y que se mantiene de pie con una placa de aluminio y seis tornillos dentro de ella.
Aquel partido quedó empatado, pero sin duda le brindó una lección de superación y de vida a Luis Alvarez, jugador que actualmente milita en el Club USMP en la primera división peruana, club en el cual sufrió aquella lesión y apoyó en todo momento. Además, en el cual hoy en día es titular en la zaga para el DT Orlando Lavalle, quien en el tiempo de la rotura era el asistente técnico del equipo.
La entrevista iba concluyendo, la hora de almuerzo se hacía sentir, y el calor sofocante, que esa tarde acontecía sobre Santa Anita (lugar en el
cual esta ubicada la Villa Deportiva de la USMP) la entrevista llego a su fin con
preguntas clásicas de qué aspiraciones tenía dentro de su vida futbolística en
un futuro y qué esperaba a fin de año con el club. Las respuestas están demás ponerlas.
El “quiero ser campeón y llegar a la selección” (sueño de todo futbolista) se
hizo escuchar, pero mas allá de eso, aquella tarde sirvió para darme cuenta y
querer transmitirlo a través de estas líneas que "El cuerpo puede resistir
todo, el trabajo es convencer a tu mente de hacerlo."


No hay comentarios:
Publicar un comentario